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  EDITORIAL 115 Revista N° 115

 
Ing. Fabián Pons  
 

Decadencia social

 


Decadencia social A menudo se dice que el tránsito es un fiel reflejo de lo que somos como sociedad, lo cual no es muy errado. En los últimos días, mucho se habló sobre la agresividad mostrada por los automovilistas de nuestro país como si el origen del problema estuviera en el propio tránsito. Pero, lo que hacemos en la calle es el fruto de nuestra educación, de nuestros valores y principios.

Una vez al año viajo a distintos países del mundo para asistir a la reunión del RCAR (Research Council for Automobile Repair). Este año asistí a Estados Unidos, más precisamente a la ciudad de Chicago, Illinois. Tanto en las calles como en las autopistas de esta gran ciudad reina el orden y el respeto por las normas de conducción. Y del lado de los peatones sucede lo mismo. A nadie se le ocurriría cruzar por otro lugar que no sean las sendas peatonales, que están pintadas en todas las esquinas, y a ningún automovilista se le ocurriría dejar de respetar la prioridad de paso del peatón.Incluso en las esquinas en las que no hay semáforo, el conductor frena para dar paso al peatón.

Pero hay cosas que en nuestro país, a nosotros los reyes de la "avivada", realmente nos impresionan. Les cuento unos ejemplos que viví: A medida que los peatones llegan al borde de la acera para cruzar la calle, si el semáforo les impide el paso, esperan solo en el ancho de la senda peatonal. No se ponen a los costados, ni se empujan, ni bajan del cordón, simplemente los que van llegando esperan detrás de los primeros. Simple. El que llega primero cruza primero, el que llega después se pone en la cola. Si los automovilistas llegan a un semáforo en rojo frenan, como corresponde, y los que vienen detrás se encolumnan atrás de los primeros, no invaden el carril exclusivo de los ómnibus ni quieren ganar la pole position por la derecha. Los ciclistas respetan las normas como cualquier otro participante del tránsito. En resumen, se respetan las normas y se respeta al prójimo.

Nosotros somos la contra cara. Insisto todo es una "avivada".y como a nadie le gusta sentirse un gil, reaccionamos. ¿Cómo? Con violencia, porque en la ley de la selva gana el más fuerte, el más agresivo, el que se atreve a más. Eso es falta de educación, falta de respeto por el prójimo y es un problema cultural. Se pierden los valores y lo que es más triste, resaltamos y admiramos al que genera más desorden. Ahí reside el problema, no en el tránsito.

Para cerrar les dejo dos ejemplos de "actitud" que no tienen nada que ver con el tránsito pero que nos pintan de cuerpo entero a los que nos creemos piolas: El primero. ¿Sabe cuáles son los únicos vuelos en los que la gente espera parada frente a la puerta de embarque media hora antes de que se abra la puerta? Respuesta: los que salen o se dirigen a Argentina. Porque como somos muy vivos queremos ocupar con nuestro exceso de equipaje de mano el lugar que le corresponde al vecino. Va el segundo. En un coffee break de un congreso al que asistí en nuestro país, gente muy culta -no por lo educada sino porque tenían muchos estudios universitarios-, la muchedumbre se agolpó frente a la mesa donde una sola persona servía el café. Los empujones y codazos para quedar mejor posicionados que el rival de turno estuvieron a la orden del día. Moraleja, todo se trabó y las demoras, enojos y líquidos derramados fueron el resultado final. ¿Qué pasa en una sociedad "educada"? Simple, se hace una fila, se sirve al que va llegando y todos felices. No es tan complicado, ¿no?