Cuando trabajamos en seguridad vial es de libros hablar de educación, concientización, control y sanción. Estos dos últimos puntos generalmente van de la mano, aunque el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires nos demostró hace poco que existen excepciones al condonar más de 1,2 millones de multas.
Quienes transitamos cotidianamente las rutas, autopistas y calles de nuestros país podemos ver que los controles viales son prácticamente nulos. Los pocos controles que hay se limitan a verificar la documentación del vehículo y de las personas pero no se preocupan por el cumplimiento del resto de la ley de tránsito.
Es indignante ver que están disponibles los medios técnicos y de infraestructura pero estos no se usan o, mejor dicho, se usan con total desidia. Un ejemplo son las motos y patrulleros de las distintas policías y/o de la gendarmería. Estos no están sólo para gastar nafta o cumplir una función disuasiva, que dicho sea de paso ya no disuaden a nadie, sino para ejercer los controles de tránsito que fija la ley.
Es increíble observar que cualquier vehículo puede pasar a exceso de velocidad, sin luces o haciendo maniobras temerarias delante de las narices de las autoridades de control, porque así lo establece la ley, y éstos ni siquiera reaccionen. O lo que es peor, ver como la Policía circula de contramano por cualquier calle del Conurbano Bonaerense o estacionan los patrulleros en triple fila en la puerta de las comisarías.
A principios de 2008, la señora Presidente de la Nación anunció que la seguridad vial sería tomada como política de estado y fuimos varios los que nos entusiasmamos con tal declaración. Pero una política de estado no sólo es aquella que se mantiene en el tiempo sino la que involucra a los distintos eslabones del gobierno. Por lo visto hasta hoy hay ministerios que todavía no se han enterado de tales anuncios.
Los alemanes dicen jocosamente que ellos de por sí son respetuosos, pero controlados lo son mucho más. La sensación de impunidad, a cualquier nivel, es el primer paso que lleva a los abusos y a las transgresiones. En materia de seguridad vial respiramos constantemente impunidad por lo tanto no debe sorprendernos la situación que padecemos. Ya sé que es mejor la responsabilidad que emana de la educación y no el castigo o la sanción, pero mientras se educa y se concientiza, lo cual lleva mucho tiempo, se debe controlar y sancionar al infractor y después de cumplidas las etapas anteriores, como dirían los alemanes, hay que seguir controlando
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