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Desde hace unas semanas vemos que está presente en la agenda de todos los medios el tema de las formas de combatir la inseguridad personal. Que pena de muerte, sí. Que pena de muerte, no. Grandes personajes de la televisión opinando sobre esta realidad que nos golpea todos los días y los medios se hacen eco del problema. Quedará para el análisis si es algo que pasó siempre
y que ahora tiene más prensa por falta de otras informaciones o si es una problemática creciente que se ve exacerbada en los tiempos que corren.
Como habitualmente pasa en nuestro país, se habla de casos particulares pero no se habla de los números globales por carecer de estadísticas confiables de uno u otro lado. Se estima que en el territorio nacional mueren asesinadas en distintas circunstancias, más de 2.500 personas al año, número que puede cambiar de acuerdo a la campana que se escuche. Son víctimas generalmente inocentes, muertes evitables e innecesarias que tienen un alto costo social.
Si comparamos las cifras de la inseguridad personal con las de la
³inseguridad vial² vemos que estas últimas son aproximadamente tres veces más altas. En lo único que coinciden es en que también se trata, en gran medida, de víctimas inocentes, evitables y con un alto costo social. Aunque parezca mentira, las soluciones para la inseguridad vial son mucho más económicas, más rápidas y evitan mayor cantidad de víctimas que las acciones que se deberían llevar a cabo para paliar la inseguridad personal. No se trata de categorizar o privilegiar el tipo de calamidades sino hacer notar que, en general, estamos validando con nuestra inacción la cantidad de muertes evitables que sufrimos día a día.
Es preocupante lo que nos pasa. Parece no hacernos mella que se nos "caigan los soldados" al lado nuestro porque pensamos que, "a mí no me va a pasar" hasta que nos toca.
Si lo vemos como sociólogos, hablaríamos de una pérdida de valores a nivel social, desprecio por la vida y falta de respeto al prójimo. En cambio, si nos planteamos el problema como técnicos, inmediatamente, establecemos prioridades que nos llevan a encarar no sólo lo más urgente sino lo que más daño nos provoca. Obviamente ambos temas tienen algunas raíces en común pero
sin duda, como técnico que soy, le pondría algunas fichas más al trabajo contra la inseguridad vial. Tendríamos mayores resultados, más rápidos y con menores costos.
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