Comienza un nuevo año y se renuevan las esperanzas de cambio en lo que debemos corregir y la expectativa de afianzamiento en lo que hemos logrado. Esto es así en todos los órdenes de la vida y la seguridad vial no escapa a ello.
Los resultados del año 2011 son un tanto enigmáticos. No conocemos cifras de siniestralidad pero sí sabemos que se potenció la saga de crecimiento del parque automotor y motociclístico en forma casi anárquica, sin controles serios, sin mejoras en infraestructura vial y ferroviaria capaces de contener este tsunami de vehículos motorizados que cambian la vida y el paisaje de rutas
y ciudades.
Basta con leer los diarios nacionales y provinciales para darse cuenta de la creciente siniestralidad grave que trajo aparejada la inserción de la moto en el tránsito de todo el país. ¿Se está haciendo algo serio y organizado en todo el territorio para moderar estos efectos? La respuesta es contundente. NO. Sólo algunos municipios a los que hay que elogiar e imitar han trabajado concienzudamente en este tema.
El parque automotor en aumento desnudó las falencias de muchas ciudades en cuanto a circulación y estacionamiento. Sin dudas la Ciudad de Buenos Aires fue una de las más afectadas pero no se observaron grandes soluciones para afrontar el problema con algunas excepciones como fue el Metrobus y la extensión de ciertas líneas de subterráneos.
Las rutas están atestadas de camiones fruto de cierta bonanza económica que nos acompaña desde hace casi un lustro. El transporte por excelencia en un país de las características y extensión de la Argentina debiera ser el ferrocarril. Sin embargo, no sólo no se han generado mejoras en este transporte sino que día a
día presenciamos su creciente deterioro. Con una inversión importante, pero vital en comparación con tanto proyecto superfluo que anda dando vueltas, se podría reducir al 50% el tránsito de camiones en nuestras rutas transfiriendo las cargas a trenes que son más seguros, económicos y amigables con el medio ambiente. Ni siquiera se ha escuchado una palabra al respecto.
Priorizar, esa es la cuestión. Si tenemos mil problemas empecemos por el número uno, por el que nos genera mayores inconvenientes. Comenzar por el ciento diecisiete porque es “políticamente correcto”
le permitirá pasar el día al funcionario de turno pero no le dará jamás el bronce.
Se renuevan las esperanzas que, en definitiva, es lo último que se pierde.
¡Feliz año y esperanzas nuevas! |