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En los últimos tiempos, ha cobrado status público el debate sobre los micros de dos pisos. Los lamentables siniestros viales con terribles consecuencias protagonizados por vehículos de estas características han posicionado al tema dentro de la agenda pública y ha sido el eje de un debate en el que los intereses sectoriales cobraron un protagonismo desmedido dejando de lado la discusión de fondo.
Mas allá de discusiones estériles y con ánimo de desviar la atención, hay hechos que son concretos: el estudio realizado hace un año atrás por nuestro Centro revela y prueba en forma contundente determinados inconvenientes constructivos de los micros de doble piso. Éstos sumados al tan mentado manejo desaprensivo por parte de algunos chóferes y a las exigencias de recorridos en tiempos récords a los que son sometidos, hace que el cóctel sea explosivo y los costos sociales lamentablemente sean afrontados por el eslabón más débil de la cadena: los usuarios.
Un año después podemos decir que los micros fabricados del 2006 hacia atrás siguen casi en su totalidad de igual manera, pero hubo cambios en algunos de los fabricados en el último año. CESVI analizó micros de larga distancia fabricados en 2007 y constató mejoras como que el anclaje de los asientos fue fijado sobre una plataforma metálica por encima del piso, se agrandaron las salidas sobre el techo del segundo piso mejorando la evacuación en caso de vuelco, se incorporaron más salidas de emergencia y se han instalado más martillos. Además, se incorporaron cinturones de seguridad en todos los asientos, se reforzó el frente del vehículo de forma que no sea tan vulnerable el chofer en el momento del impacto y se elevó el puesto de conducción por el mismo motivo. Pero, en contrapartida, no se ha mejorado para nada la estabilidad y la estructura del segundo piso (lateral y techo) sigue siendo débil ante los posibles vuelcos. Pero lo que es más grave aún, en más del 60% de los micros evaluados las velocidades de circulación superaron los 90 Km./h tanto en rutas como en autopistas. Asimismo, tampoco se han modificado los horarios de arribo a destino en base a las velocidades que deberían desarrollar, nunca superiores a los 90 Km./h. Y siguen sin respetarse las condiciones de descanso de los choferes, ya sea por los tiempos como por la ubicación para descansar.
Por todos estos motivos, vemos que la seguridad activa y pasiva de estos vehículos está seriamente comprometida y este es el núcleo del tema y es donde se debe poner la mayor atención. En este tipo de ómnibus, al tener el centro de gravedad 30 cm más elevado respecto del de piso simple, la inestabilidad es mayor. En tal sentido no hace falta ser un experto en física como para deducir que hay un parámetro que sumado a las características impropias de estos micros es el desencadenante de los vuelcos, y ese no es otro que la velocidad. No existen controles eficaces y ni siquiera voluntad política de endurecerlos. Mirar para el costado y señalar culpables puede resultar cómodo, pero todos tenemos algo por hacer para que nuestras rutas no se sigan tiñendo de sangre, sólo basta con cumplir y hacer cumplir la parte que nos toca. |