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  EDITORIAL 104 Revista N° 104

 
por Marcelo Aiello  
  Se repite la tragedia

 

Otra vez tres adolescentes perdieron su vida en un accidente de tránsito. Meses atrás tres chicos morían arriba de una pick-up en la Panamericana; y hace muy pocos días le tocó el turno a otros tres que ocupaban un Mégane en la Av. Santa Fe, en Barrio Norte. Estudios nacionales e internacionales aseguran que el riesgo de choque en conductores adolescentes es mayor que el de cualquier otro grupo de edad. De hecho, según la OMS la principal causa de muerte de jóvenes de entre 15 y 19 años no es el SIDA, ni el cáncer, ni cualquier otra enfermedad, sino los accidentes de tránsito. Incluso dice que de las 1,2 millones de personas que mueren cada año por esta causa, 400 mil son jóvenes menores de 25 años.

De nuestra experiencia en el relevamiento de accidentes de tránsito, podemos mencionar que la inexperiencia al volante que tienen estos chicos y su falta de madurez hace que se arriesguen mucho más, el problema está en que arriesgarse en el tránsito puede significar una trampa mortal. También percibimos que los choques de estos jóvenes suelen producirse cuando hay más de un adolescente en un vehículo y el riesgo aumenta con cada pasajero adicional. Asimismo, cuando ellos conducen acompañados por otros adolescentes lo hacen a mayores velocidades y dejan menor distancia con el vehículo que los antecede. Por otro lado, en nuestros relevamientos la noche aparece como otro factor de riesgo. La tasa de colisiones mortales nocturnas para estos jóvenes es aproximadamente el doble en comparación con el día.

Una mala maniobra, una distracción o una negligencia propia de la edad puede destrozar una familia entera. Para los adolescentes es más importante ser incluido en el grupo de sus pares que lo que dicen los adultos. Sin embargo, es un grupo etáreo que copia mucho, por lo que dar el ejemplo es fundamental. Es por esto que los padres podemos colaborar en la formación de nuestros hijos como conductores seguros y, en consecuencia, hacer un aporte en la prevención de los accidentes. Por este motivo, podemos por ejemplo limitarles el auto de noche, aclararles que los pasajeros no deben superar el número de plazas que posee el vehículo, prohibirles manejar después de beber, concientizarlos de la importancia del uso del cinturón de seguridad e incluso seleccionarles el vehículo pensando en su seguridad.

Pero sabemos que nuestros consejos y accionar no alcanzan. Por eso, la educación vial desde muy chicos es tan necesaria como mejorar el otorgamiento de las licencias de conducir, esto es, debe hacerse a conciencia con la cantidad de test psicológicos, físicos y prácticos de manejo que sean necesarios. Sólo aunando esfuerzos podremos lograr que estos jóvenes adolescentes dejen de ser el grupo etáreo más comprometido en los accidentes de tránsito.