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  EDITORIAL 102 Revista N° 102

 
por Marcelo Aiello  
  Culpas compartidas

 

En la edición número 100 de nuestra revista presentamos una nota titulada “Ausentes sin aviso” que produjo un revuelo importante a partir de la repercusión que tuvo en otros medios periodísticos gráficos, radiales y televisivos. En líneas generales, la investigación se refería a los dispositivos de seguridad que ofrecen los vehículos que más se venden en nuestro país.

La conclusión del informe nos daba una realidad: entre los 10 vehículos más vendidos en nuestro país el año pasado, el 30% no ofrecía airbags ni siquiera como opcional, el ABS no estaba disponible en el 40% y el control de estabilidad directamente no se ofrecía en ninguno de los diez primeros del ranking. Esta realidad choca de frente contar la europea, donde por ley todos los autos deben equiparse con doble airbag frontal y sistema antibloqueo de frenos y a partir del 2012 deben hacer lo propio con el ESP.

Ahora bien, más allá de recordar el sentido de la nota, la cuestión pasa por intentar encontrar explicaciones a un hecho “no positivo” que es multicausal y que, por consiguiente, no es lo más recomendable hacer recaer las responsabilidades exclusivamente en uno solo de los actores implicados. Obviamente, la difusión mediática se tradujo en que cada uno haya hecho su propia lectura y pusiera la responsabilidad en los distintos implicados.

Hubo voces en contra desde los organismos de defensa de los consumidores, que al quedar en evidencia que los usuarios prefieren el aire acondicionado, las llantas de aleación o el mp3 antes que la seguridad, se quejaron con cierta razón de que no es posible elegir algo que no se pone a disposición.

Por otro lado, las terminales automotrices aducen que si la gente prefiere el confort antes que la seguridad, no hacen más que ofrecer lo que la demanda exige. Aquellas viejas y remanidas leyes del mercado que más allá de apreciaciones ideológicas que no vienen al caso, sirven como excelentes excusas para justificar casi todo desde el punto de vista de estrategias comerciales. Y esto es aplicable a todo, no sólo a los autos y su seguridad.

La cuestión es que es un tema que no escapa a las generales de la ley y que la causa hay que buscarla en distintos factores. Cada uno tiene sus responsabilidades, como también mucho por hacer para mejorar la seguridad de los autos. Es real que las terminales cumplen en este caso con la ley y que fabrican los autos con lo que alli se determina, como también es real que si no hay demanda no tienen porqué ofrecer más que lo que la gente solicita, pero por otra parte también es muy cierto que si hay verdadera vocación por la seguridad deberían dar el paso al frente y más allá de lo que las leyes escritas y las de mercado indican, todos los vehículos deberían equiparse con un mínimo de seguridad activa y pasiva que preserve la integridad física de los ocupantes. Ese sería una demostración cabal del interés por la seguridad muchas veces declamada.

Asimismo, los usuarios no pueden elegir lo que no se les ofrece, pero también mucho podemos hacer si realmente nos interesa nuestra seguridad. Primero exigiendo más equipamiento por precios más accesibles y, por otra parte, dejar de lado el tapizado de cuero y el estéreo y pensar más en nuestras vidas y en la de quienes nos rodean. Está demostrado que la voz del pueblo es atendida cuando el reclamo es claro, preciso y justo.

Por último, el Estado debe ser quien vele por nuestra seguridad a partir del dictado de las leyes y el cumplimiento de las mismas. La nueva Ley 26.363 que reforma la Ley de Tránsito actual contempla en su artículo 29 que la Agencia Nacional de Seguridad Vial dispondrá la instalación de doble bolsa de aire para amortiguación de impactos, del sistema antibloqueo de frenos, el dispositivo de alerta acústica de cinturón de seguridad, el encendido automático de luces y un sistema de desgrabación de registros de operaciones del vehículo ante siniestros para su investigación. Sólo restaría lograr la tan ansiada y postergada reglamentación.

Como decía antes, es un problema de solución multidisciplinaria en el que todos tenemos una cuota parte de responsabilidad y mucho por hacer. Este tipo de informes no tienen el objetivo de demonizar a ningún sector y sirven para reflejar una realidad tangible e instalar la discusión para buscar soluciones consensuadas. En ese camino vamos a seguir por más que intenten matar al cartero.