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  EDITORIAL 87 Revista N° 87

 
por Marcelo Aiello  
  “de autopistas, candidatos, bombos y algo más…”

 


Como hemos dicho en reiteradas oportunidades en esta columna, creemos que la mesa en donde se deben discutir y depositar las soluciones para la creciente e insoportable tasa de siniestros viales debe estar sustentada en cuatro patas firmes: comunicación, educación, control y sanción. Sabemos que más del 90% de los accidentes son producidos por fallas humanas, pero también sabemos que con rutas y autopistas modernas y en buen estado, esos errores tienden a minimizarse. Por tal motivo y sin perjuicio de aquellas cuatro premisas básicas e ineludibles, también reclamamos hasta el cansancio una fuerte inversión en infraestructura vial. La red de caminos de nuestro país cuenta ya con más de cuatro décadas y la inversión en infraestructura se redujo en este período, a un mejoramiento del asfalto en algunas rutas y en el mejor de los casos a la construcción de carriles paralelos para transformarlas en autovías o autopistas, trasladando automáticamente sus defectos de trazado (ya que las trazas fueron diseñadas cuando las condiciones eran otras).

Con este panorama en mente, casi al cierre de la presente edición de Crash Test, asistí ilusionado a la convocatoria de la Presidencia de la Nación, en la que se anunciaría el nuevo Plan de Mejoramiento Vial del AMBA. Me llamó la atención que para ingresar al Hotel donde se realizó el evento, tuviera que sortear una buena cantidad de bombos y pancartas; sin embargo -me dije- para un anuncio de estas características bien merece hacer la vista gorda a los clásicos pasos circenses de los momentos preelectorales. Pero mi sorpresa fue creciendo cuando en el escenario se sentaron el Vicepresidente de la Nación, la Senadora por la Provincia de Buenos Aires, Cristina Fernandez de Kirchner, el Ministro de Educación Nacional y el banquero cooperativista Heller. A esta altura, pocas esperanzas tenía de cubrir mis altas expectativas en lo referido al tan mentado Plan Vial. Pero fue Filmus quien despejó mis dudas. Consultado acerca de lo atípico de la concurrencia dijo “yo interpreto la presencia del Vicepresidente, la Senadora y los Ministros en la dirección de que todos juntos tenemos que sumar esfuerzos para resolver estos problemas profundos”. Desde esa óptica me pareció entendible la asistencia totalmente ajena a los aspectos viales, y hasta abonaba aún más el concepto de que la seguridad vial debe ser cuestión de Estado.
Después de la corta alocución del Vicepresidente, le dio lugar al Ministro Filmus que en su carácter de candidato iba a ser la voz de las buenas nuevas. Apoyado en un excelente video se pudo apreciar el destino de los 5 mil millones de pesos en inversión vial que propone el Plan. Pero mi sorpresa y estupor fueron en aumento en la medida en que veía cómo cada una de las “mejoras” me resultaban extrañamente conocidas: algunas ya estaban inauguradas, otras en ejecución, otras tantas en etapa de licitación y solamente unas pocas por hacer, aunque a todas ya se las habían anunciado con anterioridad. Mi desconcierto y el de muchos colegas “viales”, llegó a su punto máximo de boca de la mismísima Senadora Cristina Fernandez, cuando intentó convencernos de que uno de los pocos puntos negativos aunque lógicos, del espléndido crecimiento que registra el país en los últimos años, es el tema vial: retrasos en llegar a los hogares y trabajos, mala sangre, stress, pérdidas económicas, etc., razones decisorias para el desarrollo y lanzamiento del tan publicitado Plan de Mejoras.

En ningún momento se mencionó que la siniestralidad vial debería ser el verdadero motor del plan de inversión, entre otras cosas. Tampoco que por este motivo se está hipotecando nuestro presente y futuro, al ver morir a tantos jóvenes en los que, más allá de lo irreparable de sus pérdidas, el Estado invirtió -poco y mal- en su educación y salud. No encontré entre las razones argumentadas, que muchas de aquellas víctimas dejan esposas, hijos y padres destrozados, pero que también eran parte de la población económicamente más activa y sostenes de sus familias. Pensé en la cantidad de vidas que no tendríamos que lamentar si VERDADERAMENTE resolver este problema social fuera cuestión de Estado… Pero para ese entonces, ya estaba caminando de regreso, mientras de fondo sonaba la voz de nuestra virtual próxima presidente, mezclada con los reincidentes compases de la música preelectoral. A fin de cuentas, pensé, vine a un acto político, ¿qué más podía esperar?