Un problema que ha dado que hablar durante los últimos años pareciera que no quiere perder posición ante la avanzada de diversos temas relacionados con la inseguridad. Nos referimos al aumento del robo de vehículos. Es sabido que a posteriori de la crisis política y social del 2001 se produjo un aumento exponencial en los niveles de este tipo de delito. El motivo principal de este incremento no era ni más ni menos que el alza descontrolada del precio de las autopartes que impulsó un negocio floreciente a partir del corte o desguace de los vehículos robados, y este efecto enseguida trajo la gran proliferación de los denominados “desarmaderos clandestinos”.
Esta situación desencadenó acciones concretas y decididas por parte del Gobierno en Julio de 2002 por medio del denominado “Operativo Cerrojo” llevado a cabo por la Policía Federal Argentina a través de la División Sustracción de Automotores, la cual (vigente aún) buscó tener el control de los accesos y egresos de la Capital Federal. Los efectos del operativo no tardaron en revelar sus frutos. Rápidamente las estadísticas de robo en la Capital comenzaban a dar signos de aliento a una sociedad cansada de la violencia, aunque se notaba un efecto corrimiento hacia el Gran Buenos Aires y el Interior del País.
Posteriormente, el Plan de Seguridad lanzado por el Gobierno de Kirchner a mediados del 2003, completó el escenario para que el descenso de los robos de autos sea más notorio y los indicadores más acordes a los niveles históricos.
Algunos optimistas creían que se había llegado a tocar un piso y que luego estos niveles se mantendrían estables. Otros -más conservadores- se mostraron alertas ante la posible migración de estos delitos a problemáticas como el Fraude en el Seguro, que también experimentó una tendencia alcista no sólo en frecuencia sino en nuevas modalidades. Finalmente, y muy a su pesar, estos últimos comienzan a tener algo de razón cuando nos disponemos a analizar el resultado del balance de robos en 2006.
Si comparamos las cifras contra el 2001, podremos observar un valor de sólo el -17% de descenso lo cual, si bien es positivo, genera un cierto llamado de atención a la hora de realizar la misma comparación contra 2004 donde podremos ver un aumento del 9,4%, mientras que aún peor resulta el análisis de la comparación contra 2005 con el 10,6%.
Entrando en un análisis más detallado, y respecto a las Zonas, en los doce meses del año 2006 comparado con igual período del año anterior, en Capital Federal se registró una suba del +16,6% y el GBA ascendió en una proporción menor con un acumulado del +9,3%. En el Interior, en cambio, hubo un aumento del +4,5% y, contrariamente al resto de las zonas, mantuvo valores siempre superiores a los de 2001. Esto denota una notoria migración de robos al interior del país, dado que en 2006 Capital alcanza el 33.4%, valor muy similar al de 2001, mientras que se duplica en el Interior y baja en el GBA.
Es indudable que el veranito se está acabando y que los últimos años denotan una tendencia alcista, lo cual genera como mínimo un llamado de atención. En tal sentido el Estado ha dado muestras de moverse para bajar nuevamente estos índices con el lanzamiento del RUDAC y la obligatoriedad de registrar los desarmaderos y las piezas usadas que se comercializan, dejando en absoluta evidencia a quien quiera comercializar piezas ilegales.
Pero, por otra parte, también es imprescindible el compromiso y decisión política del Estado en intensificar nuevamente los controles aparentemente relajados o insuficientes, en la lucha contra las bandas delictivas y los desarmaderos clandestinos que aún existen, también en la información y finalmente en la concientización a los usuarios que prefieren comprar repuestos en el mercado negro, aún conociendo su origen ilícito y el perjuicio que ello conlleva.