Comenzó el 2007 y como siempre ocurre en todos los principios de año, se renuevan las esperanzas, los desafíos y es una buena oportunidad para resolver los viejos problemas o, por lo menos, para intentar buscarles nuevas soluciones.
En un escueto y excesivamente optimista decreto presidencial, se declaró al presente año como el “Año de la Seguridad Vial”, lo que vislumbraría un período de arduo trabajo y compromiso en la materia, tanto a nivel nacional como provincial.
Siempre, desde esta columna, reclamamos decisión política para bajar la tasa de accidentes de tránsito. La declaración del Año de la Seguridad Vial pareciera que es un signo de que el tema se está tomando a nivel oficial con la importancia que se merece. Al menos se comenzó con lo declamatorio, lo que no es poco. Esperemos que no quede solamente como un sello en las informaciones oficiales como ocurrió en el 2006, declarado a nivel nacional como el Año de homenaje al Dr. Ramón Carrillo (Primer Ministro de Salud Pública de la Nación) “distinción” de la que no sólo me enteré antes de escribir esta página, sino que poco se ha hecho el último año en lo que a salud pública se refiere. Esto indica que el hecho de declarar y declamar “el Año de…” es sólo el comienzo pero no supone absolutamente ningún tipo de decisión de afrontar un problema.
Ante una situación de una enfermedad endémica como son los accidentes de tránsito, en un entorno de absoluta anomia social o, dicho de otro modo, de una ruptura total de las normas sociales de convivencia, en este caso del tránsito, es imprescindible que haya un líder con voluntad de cambiar y revertir la situación, encolumnando a toda la sociedad detrás suyo, con el único fin de cumplir el objetivo de bajar el índice de víctimas de tránsito.
Cada vez que ocurre una tragedia vial, miramos pasmados las imágenes y se nos retrotraen a la memoria los anteriores hechos trágicos y ahí caemos en la cuenta de que esa película ya la vimos, que el final es conocido, con actores distintos pero con el mismo guión. Nuevamente los hechos ocurrieron por los mismos factores, las mismas causas y mientras tanto no se hizo nada. Nada por cambiar un elemento indispensable como punto de partida que es la concientización social y la creación de cultura ciudadana en pos de paliar la situación.
Como hemos dicho en varias oportunidades solamente se puede mejorar esta atroz situación de inseguridad vial si ponemos las soluciones sobre una mesa sustentada firmemente en cuatro patas: Información a toda la sociedad, educación vial a quienes están dentro del circuito educativo, control de las normas de tránsito y, finalmente, sanción a los infractores.
Pero esto solo no basta, esa mesa debe estar bien firme y sostenida sobre una alta, clara y concreta decisión política por parte del Estado de comandar la creación de conciencia ciudadana, fomentando el respeto a las normas y leyes como regla de convivencia básica en el marco del tránsito.
La promulgación del Año de la Seguridad Vial, pareciera que va en ese sentido. Esperemos que así ocurra y que, definitivamente, la inseguridad vial deje de ser un cúmulo de diagnósticos repetidos de un grupo de “especialistas”, para pasar a ser un tema que ocupe un lugar preponderante en la agenda oficial y también en la de la sociedad toda.